miércoles, 15 de marzo de 2017

Los ríos con los que soñaba

Cuando era niño soñaba con visitar un río vivo, salvaje. De esos que salen en las películas, donde se puede hacer rafting o de menos, ver peces más grandes que uno y donde puedes nadar con el peligro de ser arrastrado por la corriente. Yo me imaginaba que estaban en lugares remotos y exóticos donde se corría el riesgo de encontrarte un oso pescando salmones o donde una boa podría hacerte parte del menú. Y bueno, al fin y al cabo eso era parte de la aventura pero nunca se me hizo ver algo así en mi infancia.

Los ríos que conocí en mi niñez fueron algo muy lejano de la imagen idílica que yo tenía. De camino a Estados Unidos había visto algunos grandes cauces, navegados por barcos de carga y aguas tornasoles por el aceite y el combustible que la corriente no era capaz de lavar. En Houston pude ver un río dentro de un centro comercial que era más que nada una atracción turística muy alejada de lo que yo buscaba. Cerca de la Ciudad de México solo había visitado el Río Magdalena (el último vivo que queda en la Ciudad) y cada vez había regresado con una cierta carga de tristeza. El río se me figuraba como un animal triste, encerrado en una pequeña jaula, con el bosque y la barranca rodeado de una maraña de concreto, cables y tuberías. Y el río Cupatitzio en Michoacán, era para mi como una inmensa fuerza amaestrada para el divertimento de las personas que visitaban el Parque Nacional.

El viernes pasado cumplí 33 años y creo que, salvo algunos casos, los recuerdos de los grandes ríos que he visto en mi vida, son una mezcla agridulce. Todos son fuentes de vida, y aún así enfrentan amenazas porque no sabemos apreciar todo lo que ofrecen. Los hemos convertido en desagües y basureros; los hemos secado, desviado y apresado matando toda la biodiversidad que alimentan y por consecuencia a las comunidades que viven y trabajan en y gracias a ellos.

El día de ayer se celebró el Día Mundial de Acción en Defensa de los Ríos, una fecha para alzar la voz en contra de de todas estas amenazas y para educar acerca de mejores opciones energéticas y por un aprovechamiento sustentable de los recursos hídricos. Pero todos los días debemos luchar en favor de los ríos y en contra de los proyectos de agua destructivos. Y para como están las cosas no podemos dar ni un paso atrás.

Los ríos con los que soñaba en mi infancia existen y no hay que viajar al otro lado del mundo para conocerlos. Sin embargo están en riesgo y es necesario protegerlos de todo el daño que les hacemos.

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