miércoles, 22 de marzo de 2017

La sequía mental


Hoy es el Día Mundial del Agua y como la mayoría de estas efemérides sirve (o debería servir) para concientizar acerca de los problemas relacionados con este tema. Según datos de la ONU, actualmente, a nivel mundial 663 millones de personas viven sin un suministro de agua potable cerca de casa. Mientras que del agua utilizada, el 80% regresa a los ecosistemas sin tratarse, contaminándolos y reduciendo las reservas disponibles de este líquido.


A nivel nacional, México cuenta con una disponibilidad del 0.1% del agua potable que existe en el mundo, lo cuál lo convierte en un país considerado con acceso restringido al vital líquido. Así mismo esta pequeña cantidad está repartida de forma irregular en el territorio, haciéndola aún más escasa para las regiones del norte de la República. Y, por si fuera poco, se usa de forma no sustentable en todas las actividades humanas; desde el uso doméstico hasta las prácticas agropecuarias más disparatadas, como cultivar alfalfa (un cultivo de gran demanda hídrica) en el desierto de Cuatrociénegas, Coahuila.

La desigualdad en el acceso al agua ya está provocando disturbios sociales en México. Tal es el caso del Valle de Guadalupe, donde según información del periodista Luis Hernández Navarro el uso no sustentable en el cultivo de vid por parte de un pequeño grupo de productores de vino, está dejando sin agua a los campesinos y poblaciones indígenas del llamado Napa Valley mexicano.

Valle de Guadalupe, Baja California, México.

Hay un montón de gente sufriendo por falta de agua y sinceramente yo no me puedo imaginar lo que es caminar kilómetros para transportarla, tan solo para necesidades básicas. Como ejemplo, el fin de semana pasado hubo un corte en el suministro del edificio donde vivo durante dos días. El mero hecho de formarse durante horas bajo el sol para llenar cubetas y recipientes; y cargar el agua de regreso a casa fue agotador. Hacerlo en terrenos agrestes llevando una carga de agua considerablemente más grande diariamente, está más allá de mis peores pesadillas. Y ya no hablemos de la calidad y potabilidad del líquido, según la misma ONU, 1800 millones de personas usan una fuente de agua contaminada por materia fecal dando como resultado más de 800 mil muertes al año por disentería, tifus y polio.

Vecinos de la Unidad Habitacional Tlatelolco formados por una ración de agua.

Pero en la capital de México nos falta mucha cultura al respecto. Una ciudad que le ha dado la espalda a su vocación lacustre y ha entubado sus ríos, es un lugar donde se ha cultivado un desprecio generalizado hacia el gran esfuerzo que representa traer el líquido. Ni siquiera al pie de la pipa, mis vecinos pudieron tomar precauciones para impedir que se desperdiciara el agua, dejándola correr mientras cambiaban de recipientes. Parece que para los habitantes de Tlatelolco el agua es algo que se da por sentado como el aire o el sol.

Aún durante el corte del suministro, la gente no dejó de desperdiciar el agua.

Si usted que está leyendo estas líneas es tan afortunada o afortunado de tener acceso al agua potable le pido un favor: ¡Cuídela! Estamos más cerca de quedarnos sin ella que de encontrar una solución que nos brinde acceso equitativo al vital líquido. Podemos empezar por conocer nuestra huella hídrica para darnos cuenta todo lo que nos puede afectar la escasez que estamos provocando todas y todos con nuestros hábitos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario