miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Cuánto cuestan las mariposas?

Tendemos a tratar a la riqueza pública como si estuviera subordinada a la riqueza privada. Si no es un valor privado, se le considera inferior. Esto, por supuesto no tiene nada que ver con la realidad y ni siquiera con la economía.

Hace algún tiempo, una amiga muy querida me contaba como uno de sus profesores de la universidad les decía a ella y a sus compañeros de clase, que las mariposas monarca representan una plaga para las y los pobladores de las comunidades que viven y trabajan alrededor de los bosques del centro de México que conforman los santuarios donde estos insectos llegan a pasar el invierno desde Canadá y Estados Unidos. El argumento de semejante declaración fue que la conservación de los bosques de oyamel donde los bichos descansan impide que se aproveche la madera comercialmente y que los terrenos clareados deberían usarse para actividades agrícolas.

Aunque mi primera reacción fue de enojo, este inmediatamente dio paso al terror cuando terminé de procesar toda la situación: un profesor de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública, de la universidad más prestigiosa de Iberoamérica y de las 50 mejores del mundo, dentro de su cátedra, explicaba que uno de los fenómenos naturales más impresionantes del mundo era comparable a una infestación de cucarachas.

Tal vez quien esté leyendo estas líneas no entienda muy bien por qué el enojo, o tache al tecleador de hippie, no seria la primera vez (de hecho, así me llamaban algunos compañeros en la Facultad de Ingeniería) pero ante esto déjeme preguntarle ¿De dónde cree que sale el agua cuando usted abre el grifo? La respuesta es fácil, de las áreas naturales protegidas que rodean la ciudad donde usted vive. La mayor parte del agua que llega a la Ciudad de México a través del sistema Cutzamala se capta en los bosques de oyamel donde se resguarda la mal llamada plaga de mariposas.

Lo anterior es un botón de muestra sobre la forma en que nuestra sociedad ve a la biodiversidad y los recursos naturales. Estamos viendo el futuro desde una perspectiva equivocada, no le damos el valor a lo que realmente importa. Y eso es un problema central en la forma en que se está manejando este planeta. Porque la Naturaleza es el centro de las economías de todo el mundo con todos los servicios que provee.

La mayoría de los productos o servicios que consumimos y utilizamos en nuestra vida diaria provienen de las áreas de conservación, y me refiero a aquellos que cubren nuestras necesidades para subsistir. Las áreas naturales protegidas limpian el aire de contaminantes, captan el agua potable que consumimos, regulan el clima, son hogar de los peces que comemos, sustentan las actividades agrícolas, previenen desastres naturales, etc. Ahora, todos estos son valores económicos que a duras penas se ven reflejados en las políticas públicas y la forma de hacer negocios. Todos estos servicios no se han logrado posicionar ante la sociedad, ni se han logrado colocar en el centro de las cuentas publicas.

Actualmente en la agenda internacional se promueve la necesidad de reconocer la interrelación entre los servicios ecosistémicos y el desarrollo económico y social. El enfoque de la valoración busca hacer explícita la dependencia de nuestro bienestar como especie, como país, como comunidad respecto a los servicios que la Naturaleza provee.

El problema es la invisibilidad económica de lo que la Naturaleza ofrece. En mis tiempos en la universidad, me tocó escuchar como un profesor durante una clase de cálculo vectorial dijo textualmente: "Un tambo de petróleo es más útil que uno de agua, del barril de petróleo podemos sacar infinidad de productos, del agua no". El Problema es el "precio", que es lo que uno paga, y el "valor" que es lo que uno recibe, y el mundo está tan obsesionado con los mercados hoy en día que cuando nos encontramos en una situación en la que recibimos valor (como el caso de los servicios ecosistémicos) no lo entendemos sino hasta que se explica en precios. Y la cuestión es que no existe un precio para los bienes y servicios públicos que ofrece la Naturaleza.

Por ejemplo, a pesar de que la valoración del servicio de polinización que llevan a cabo algunos insectos (entre ellos las MARIPOSAS) rebasa los 200 mil millones de dolares, lo cuál se traduce en un gran valor, no existen hoy en día políticas públicas para la protección de estos recursos (a veces todo lo contrario). Hoy en día los tomadores de decisiones no entienden nada si no se les explica en términos monetarios, y ese se ha vuelto el lenguaje de la política.

No podemos dejar que esta... inercia, en que la Naturaleza y las actividades productivas sigan sigan viéndose como agendas separadas, que no convergen y en las que las conservación de nuestro patrimonio natural se encuentra al final de la lista de prioridades.

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