miércoles, 26 de abril de 2017

Marcha por la ciencia, México


Tarde, siempre tarde. Había tomado todas las precauciones para llegar a tiempo y el metro me jugaba una mala pasada (a mi y a otros cientos de personas en el convoy). Llevaba 15 minutos en la misma estación y ya me estaba preguntando si podría alcanzar la marcha en su punto de inicios. Al salir de la estación, lo único que pude hacer fue correr para alcanzar la movilización un poco más adelante. Al llegar al monumento a Cuauhtémoc, tuve una de las más gratas sorpresas de los últimos meses: miles de investigadoras, investigadores y estudiantes se manifestaban exigiendo un alto al recorte en el presupuesto destinado a ciencia y educación, pasaban ante mi portando pancartas con frases ingeniosas o citas de famosos divulgadores de la ciencia y coreando consignas. Miles de personas habían salido a defender aquello en lo que se sostiene la sociedad moderna pero se empeña en negar.



El origen de la marcha es en simple. El nuevo presidente electo de Estados Unidos propuso un recorte en el presupuesto para la ciencia, la cultura y las artes, lo cuál provocó una reacción en la sociedad norteamericana que desembocó en una convocatoria a la que se adhirieron organizaciones alrededor del mundo para movilizarse el 22 de abril (Día Mundial de la Madre Tierra) en 600 ciudades en todo el planeta.


"México, aguanta, los ñoños se levantan."


En México, la gente salió a marchar en 15 ciudades en defensa de la ciencia y contra los agravios nacionales que se vienen arrastrando y denunciando desde hace mucho tiempo. No solo es el recorte habitual en ese rubro que "tomadores de decisión" han normalizado como si la investigación y el desarrollo fueran temas de segunda; también es la precarización de las nuevas generaciones de científicos, de las becarias y becarios, estudiantes que vieron afectada su calidad de vida al modificarse el criterio para la asignación de sus becas.



“¡La ciencia luchando, al mundo transformando!”

Más adelante, mientras realizaba unas tomas con las oficinas del Senado como fondo, me sorprendió encontrarme a dos viejos conocidos, Alex y Zaira, después de la sorpresa inicial nos pusimos a platicar y al alcanzar la retaguardia nos sumamos al contingente de TNC.



La primera vez que los conocí fue en 2011, durante la primer liberación de lobo mexicano en México. Ellos habían participado en la elaboración del proyecto y desde entonces, han colaborado con diferentes organizaciones e instituciones académicas para que el lobo mexicano regrese a su hábitat histórico. Podría decirse que hoy en día, en este país, no hay nadie que tenga tanta experiencia en campo sobre el tema como ellos.

Nos pusimos al tanto sobre lobos, conocidos comunes y sobre como su beca (ambos son estudiantes de doctorado), iba perdiendo poder adquisitivo cada año. Para mi, esta plática me servía para ponerle nombre y apellido a las exigencias de la marcha. La embestida contra la ciencia y la cultura tiene un impacto devastador en las acciones de conservación de la vida silvestre y los recursos naturales.



Sin ciencia no hay cerveza.

Cuando llegamos al lugar donde se realizaba el evento principal me separé de ellos para poder tomar más fotografías. En el templete, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, del equipo organizador de la marcha y estudiantes pasaron a exponer la tremenda importancia que la ciencia tiene en la sociedad moderna. Sin embargo el mensaje común era que la comunidad científica debe aprender a comunicar esta importancia para las y los ciudadanos sin entrenamiento científico formal y despertar en las nuevas generaciones el interés por las ciencias.



miércoles, 12 de abril de 2017

Los cuervos de la tempestad: La necesidad de renovar nuestro enfoque en la educación y cultura ambiental.


Hagamos tabla rasa: la conservación de la biodiversidad y los recursos naturales no es una moda, es una necesidad.

Estamos cambiando el medio ambiente de tal forma y tan rápido que si seguimos así, nuestra especie no podrá sobrevivir en este planeta en un futuro cercano. Para ponerlo en términos más sencillos, estamos acabando con las condiciones que nos permiten alimentarnos, respirar y al mismo tiempo estamos propiciando que sustancias y organismos perjudiciales para nosotros se acumulen a nuestro alrededor.

No estamos destruyendo al planeta, la Tierra encontrará la forma de recuperarse cuando ya no estemos aquí. La naturaleza ha sufrido catástrofes peores que la crisis ambiental actual y la vida en la tierra no se ha extinguido, simplemente ha cambiado para adaptarse a las nuevas condiciones.


Los tiempos cambian.


La cosa es que a pesar de ser una idea bastante simple, las personas que nos dedicamos a comunicarla a menudo fallamos en hacerla llegar a todos los públicos. Y muchas personas siguen utilizando técnicas que estaban pensadas para problemas que existían hace décadas.

Recuerdo una vez, cuando era niño, que un compañero de la primaria daba un discurso acerca del medio ambiente durante un evento de la escuela. En el discurso mencionaba que las campañas en radio y televisión de "Pon la basura en su lugar" debían cambiar a "Deja de producir basura". De eso hace ya 20 años y seguimos escuchando esas campañas y además ¡Cada vez producimos más basura!

Muchos años más tarde, mientras realizaba una entrevista para un documental sobre el lobo mexicano, el entrevistado me decía -off the record- que una de las razones por las que la primer liberación de estos animales en México se mal logró fue que se descuidó el componente de educación y cultura ambiental. Según él, hoy en día en los diversos centros que realizan estas labores, los programas están enfocados hacia niños de corta edad para que realicen manualidades con materiales reciclados, en lugar de despertar el interés de las y los niños por la vida silvestre y lograr que comprendan la necesidad de tener ecosistemas sanos con todas las especies que los integran.


Algún tiempo después, me invitaron a contribuir a la elaboración del nuevo programa de Educación Ambiental para Áreas Naturales Protegidas en México. El argumento para la renovación era el mismo que el entrevistado del párrafo anterior había expresado. Hoy en día los esfuerzos de Educación Ambiental no solo deben estar enfocados en niñas y niños de corta edad, sino incluir a todos los estratos de la Sociedad y las y los educadores ambientales deben convertirse en agentes culturales que promuevan un cambio integral en los hábitos de consumo y producción, dependiendo del contexto social en el que se desenvuelvan. Es decir, las labores de las y los educadores ambientales deben adaptarse al entorno rural, al urbano, a la edad y al nivel socieconómico.


El futuro nos alcanzó.


El mensaje es simple, o cambiamos o nos extinguimos y denunciar las amenazas que enfrenta la naturaleza no nos debe convertir en los mensajeros de las catástrofes. Las catástrofes ya están sucediendo y es nuestro deber contar las historias detrás de cada una de ellas para poder adaptarnos y resolver las causas que las provocaron en la medida de lo posible, en estos tiempos de cambio climático ya solo podemos esperar ciertos desastres más que evitarlos.

También debemos reconocer todos los esfuerzos que se hacen para conservar el medio ambiente, a la gente que arriesga su vida por esta labor y debemos dar a conocer los logros. Hay esperanza para la especie humana, debemos reconocerlo, no podemos ser solamente los cuervos de la tempestad.

miércoles, 5 de abril de 2017

Another breach in the wall


La semana pasada hablábamos de los orígenes de la #Loboweek y de la campaña de exterminio que erradicó al lobo mexicano de México y Estados Unidos. Al día siguiente de la publicación (29 de marzo), el Servicio Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS por su siglas en inglés) lanzó un comunicado de prensa informando de la captura de una loba en un rancho privado en el sudeste de Arizona el 26 de marzo de este año. Según el reporte, el animal se encontraba con buena salud y fue llevado a las instalaciones del Centro para Manejo de Lobos de Sevilleta, donde las diferentes agencias encargadas del manejo de la vida silvestre en E.E.U.U. determinarán la mejor acción para este ejemplar a largo plazo.

Debido a diversos reportes de posible depredación al ganado realizados por rancheros locales se tomó la decisión de capturar al animal nuevamente. A pesar de que sólo uno de los ocho casos investigados por los agentes del Servicio de Inspección fue confirmado como verdadero.

La importancia de la captura de esta loba radica en que este ejemplar nació en 2016 en Cananea, Sonora y fue liberada en octubre de 2016 en la Sierra Madre. En el caso particular de la loba capturada, registrada como f1530, el último punto registrado por el radiotransmisor y GPS del collar que portaba fue aproximadamente a 34 kilómetros al sur de la frontera entre México y Estados Unidos. Todo lo anterior, la convierte en el primer ejemplar de lobo mexicano (Canis lupus baileyi) que oficialmente cruza la línea fronteriza desde que se iniciaron las liberaciones en Estados Unidos y México en 1998 y 2011, respectivamente.


De siete a cientos.



El programa de reintroducción del lobo mexicano dio comienzo con siete individuos y, mediante estrictos controles en la reproducción de estos, hoy en día se cuenta con una población de alrededor de 300 lobos en vida libre y cautiverio. A pesar de los controles, y debido al pequeño número de individuos "fundadores", la población de lobo mexicano tiene problemas originados por la consanguinidad, como algunos tipos de cáncer.

Si bien, en vida libre no existen los controles aplicados en cautiverio, las presiones que el medio ambiente ejerce sobre los lobos (llamadas presiones evolutivas) actúan para que los individuos mejor adaptados a este sobrevivan, sin importar si son muy consanguíneos entre si.

Cuando dos poblaciones adaptadas al medio se encuentran, enriquecen la salud genética de ambas, ayudando a una mejor adaptación y supervivencia de la especie en su conjunto. Con esto en mente, la importancia de un grupo viable de lobos encontrándose con otro ya establecido es inmensa.


Al otro lado de la frontera.



La captura de la semana pasada fue realizada dentro del Área Experimental de Población de Lobo Mexicano en Arizona. Lo que quiere decir que la f1530 no sólo cruzó la frontera sino que se adentró en una zona que ha estado habitada por otros lobos durante 19 años. Siendo un ejemplar nacido y criado en México es maravilloso que haya encontrado el camino por si misma.

Hace unos años, un amigo cercano advertía sobre la necesidad de crear un protocolo para el día en que un caso como este aconteciera. Desde el inicio de las liberaciones en México, la amplia movilidad de los lobos había resultado una revelación y solo era cuestión de tiempo antes que los animales empezaran a encontrarse entre si. Con el tiempo, más y más lobos deberían cruzar la frontera para reclamar el territorio que alguna vez fue su hogar.

En estos días en que se anuncia la construcción de un muro fronterizo, muchas voces se han alzado en contra, debido a las terribles consecuencias que tendría sobre la fauna que habita en ambos países. Desde pecaríes y venados hasta jaguares se verían privados de sus zonas de alimentación y acceso al agua. El lobo mexicano, además se vería privado de una oportunidad para regresar a la vida silvestre después de más de 30 años.

miércoles, 29 de marzo de 2017

La semana del lobo mexicano #Loboweek


El 29 de marzo de 1998 se liberaron 11 lobos grises mexicanos (Canis lupus baileyi) en una zona silvestre de Arizona y Nuevo México, E.E.U.U. Esto marcó un hito en la conservación de este depredador ya que se le había declarado extinto en vida libre desde hacía varias décadas.


La historia es bien conocida en los círculos ambientalistas de México y Estados Unidos: El lobo en todas sus subespecies, ha sufrido de un implacable exterminio a partir de la llegada de los colonizadores europeos al continente americano. Sin embargo, en el caso del lobo mexicano, la campaña articulada por los gobiernos de ambos países para erradicar a la subespecie más pequeña de este cánido con el argumento de disminuir los ataques al ganado, fue sumamente efectiva por lo metódica y encarnizada.


De la reverencia al desprecio.



El lobo mexicano abarcaba un territorio que iba desde el sur de Estados Unidos hasta el estado de Oaxaca mediante los corredores formados por las dos Sierras Madres de México. Debido al hábitat y presas tan diferentes al de sus parientes del norte de América o de Europa, esta subespecie tiene un tamaño reducido y el número de individuos en sus manadas es menor. A lo largo de todo este extenso territorio, el lobo era parte importante de la cosmogonía y mitología de los diversos pueblos indígenas que convivían con estos animales, aunque posteriormente se desestimara esta importancia como ya alguna vez lo señalamos en este espacio.


Hoy en día, a donde sea que uno vaya en este mundo encontrará conflictos entre granjeros y ganaderos con los grandes carnívoros -osos, pumas, jaguares, leones, etc-, algunos más intensos que otros. Pero tratándose de lobos hay algo extraño, pareciera que los seres humanos tienen una confrontación muy íntima y visceral con ellos. Hablando con la gente de los antiguos territorios norteños ocupados por el lobo mexicano se asoma un odio profundo que se mezcla con los recuerdos de los viejos tramperos. Es como esas vendettas que pasan de generación en generación sin que nadie recuerde el motivo exacto del conflicto. Aunque si de algo podemos estar seguros es que nosotros dimos el primer golpe y los lobos jamás han cobrado ninguna vida humana en retribución, al menos en el continente americano.


La ironía.



A finales de la década de los 70 del siglo XX, las poblaciones de lobos mexicanos iban perdiendo la batalla y los individuos restantes se hacían cada vez más difíciles de cazar. El golpe definitivo de la campaña de exterminio se dio al utilizar monofluoroacetato de sodio, conocido comúnmente como "1080", un compuesto que por sus propiedades (inodoro, insaboro y sumámente tóxico) resultaba ideal para abatir a los escurridizos animales que habían adquirido fama y nombres legendarios como "Las Margaritas", "El Viejo de un Dedo" o "El Lobo Chiricahua". Para 1982 prácticamente todo el territorio de México se encontraba libre de lobos.


Otro nombre legendario asociado a la campaña de exterminio es del de Roy McBride, posiblemente el trampero más famoso de lobos mexicanos. Si usted ve las entrevistas que le han hecho a lo largo de tantos años para diversos documentales le parecerá un viejo sacado directamente de un spaggheti western, pero si uno escucha las anécdotas que se cuentan de él en Chihuahua y Durango, hasta podrá oír de fondo la música de Ennio Morricone. La principal de estas anécdotas es de cuando fue contratado para capturar a la loba "Las Margaritas", conocida como la más elusiva de todas y como uno de los siete primeros lobos que comenzaron el programa de reintroducción. Así es, el trampero más famoso por eliminar lobos mexicanos, es también el responsable de los primeros pasos en su recuperación.


El regreso.



El día de hoy celebramos los 19 años del retorno del lobo mexicano a la vida libre. Ha sido un camino largo y difícil pero ya hay frutos de todo ese trabajo, en Estados Unidos se tienen registrados 113 lobos en estado silvestre y el México, durante los últimos años se han documentado una serie de camadas nacidas en libertad. Sin embargo aún queda un camino largo y aún no podemos cantar victoria.


Para conmemorar esta fecha, organizaciones alrededor del mundo celebran el #Loboweek para crear conciencia en favor de la recuperación del lobo mexicano. ¡Únete a este movimiento!

miércoles, 22 de marzo de 2017

La sequía mental


Hoy es el Día Mundial del Agua y como la mayoría de estas efemérides sirve (o debería servir) para concientizar acerca de los problemas relacionados con este tema. Según datos de la ONU, actualmente, a nivel mundial 663 millones de personas viven sin un suministro de agua potable cerca de casa. Mientras que del agua utilizada, el 80% regresa a los ecosistemas sin tratarse, contaminándolos y reduciendo las reservas disponibles de este líquido.


A nivel nacional, México cuenta con una disponibilidad del 0.1% del agua potable que existe en el mundo, lo cuál lo convierte en un país considerado con acceso restringido al vital líquido. Así mismo esta pequeña cantidad está repartida de forma irregular en el territorio, haciéndola aún más escasa para las regiones del norte de la República. Y, por si fuera poco, se usa de forma no sustentable en todas las actividades humanas; desde el uso doméstico hasta las prácticas agropecuarias más disparatadas, como cultivar alfalfa (un cultivo de gran demanda hídrica) en el desierto de Cuatrociénegas, Coahuila.

La desigualdad en el acceso al agua ya está provocando disturbios sociales en México. Tal es el caso del Valle de Guadalupe, donde según información del periodista Luis Hernández Navarro el uso no sustentable en el cultivo de vid por parte de un pequeño grupo de productores de vino, está dejando sin agua a los campesinos y poblaciones indígenas del llamado Napa Valley mexicano.

Valle de Guadalupe, Baja California, México.

Hay un montón de gente sufriendo por falta de agua y sinceramente yo no me puedo imaginar lo que es caminar kilómetros para transportarla, tan solo para necesidades básicas. Como ejemplo, el fin de semana pasado hubo un corte en el suministro del edificio donde vivo durante dos días. El mero hecho de formarse durante horas bajo el sol para llenar cubetas y recipientes; y cargar el agua de regreso a casa fue agotador. Hacerlo en terrenos agrestes llevando una carga de agua considerablemente más grande diariamente, está más allá de mis peores pesadillas. Y ya no hablemos de la calidad y potabilidad del líquido, según la misma ONU, 1800 millones de personas usan una fuente de agua contaminada por materia fecal dando como resultado más de 800 mil muertes al año por disentería, tifus y polio.

Vecinos de la Unidad Habitacional Tlatelolco formados por una ración de agua.

Pero en la capital de México nos falta mucha cultura al respecto. Una ciudad que le ha dado la espalda a su vocación lacustre y ha entubado sus ríos, es un lugar donde se ha cultivado un desprecio generalizado hacia el gran esfuerzo que representa traer el líquido. Ni siquiera al pie de la pipa, mis vecinos pudieron tomar precauciones para impedir que se desperdiciara el agua, dejándola correr mientras cambiaban de recipientes. Parece que para los habitantes de Tlatelolco el agua es algo que se da por sentado como el aire o el sol.

Aún durante el corte del suministro, la gente no dejó de desperdiciar el agua.

Si usted que está leyendo estas líneas es tan afortunada o afortunado de tener acceso al agua potable le pido un favor: ¡Cuídela! Estamos más cerca de quedarnos sin ella que de encontrar una solución que nos brinde acceso equitativo al vital líquido. Podemos empezar por conocer nuestra huella hídrica para darnos cuenta todo lo que nos puede afectar la escasez que estamos provocando todas y todos con nuestros hábitos.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Los ríos con los que soñaba

Cuando era niño soñaba con visitar un río vivo, salvaje. De esos que salen en las películas, donde se puede hacer rafting o de menos, ver peces más grandes que uno y donde puedes nadar con el peligro de ser arrastrado por la corriente. Yo me imaginaba que estaban en lugares remotos y exóticos donde se corría el riesgo de encontrarte un oso pescando salmones o donde una boa podría hacerte parte del menú. Y bueno, al fin y al cabo eso era parte de la aventura pero nunca se me hizo ver algo así en mi infancia.

Los ríos que conocí en mi niñez fueron algo muy lejano de la imagen idílica que yo tenía. De camino a Estados Unidos había visto algunos grandes cauces, navegados por barcos de carga y aguas tornasoles por el aceite y el combustible que la corriente no era capaz de lavar. En Houston pude ver un río dentro de un centro comercial que era más que nada una atracción turística muy alejada de lo que yo buscaba. Cerca de la Ciudad de México solo había visitado el Río Magdalena (el último vivo que queda en la Ciudad) y cada vez había regresado con una cierta carga de tristeza. El río se me figuraba como un animal triste, encerrado en una pequeña jaula, con el bosque y la barranca rodeado de una maraña de concreto, cables y tuberías. Y el río Cupatitzio en Michoacán, era para mi como una inmensa fuerza amaestrada para el divertimento de las personas que visitaban el Parque Nacional.

El viernes pasado cumplí 33 años y creo que, salvo algunos casos, los recuerdos de los grandes ríos que he visto en mi vida, son una mezcla agridulce. Todos son fuentes de vida, y aún así enfrentan amenazas porque no sabemos apreciar todo lo que ofrecen. Los hemos convertido en desagües y basureros; los hemos secado, desviado y apresado matando toda la biodiversidad que alimentan y por consecuencia a las comunidades que viven y trabajan en y gracias a ellos.

El día de ayer se celebró el Día Mundial de Acción en Defensa de los Ríos, una fecha para alzar la voz en contra de de todas estas amenazas y para educar acerca de mejores opciones energéticas y por un aprovechamiento sustentable de los recursos hídricos. Pero todos los días debemos luchar en favor de los ríos y en contra de los proyectos de agua destructivos. Y para como están las cosas no podemos dar ni un paso atrás.

Los ríos con los que soñaba en mi infancia existen y no hay que viajar al otro lado del mundo para conocerlos. Sin embargo están en riesgo y es necesario protegerlos de todo el daño que les hacemos.

miércoles, 8 de marzo de 2017

¿Cuánto cuestan las mariposas?

Tendemos a tratar a la riqueza pública como si estuviera subordinada a la riqueza privada. Si no es un valor privado, se le considera inferior. Esto, por supuesto no tiene nada que ver con la realidad y ni siquiera con la economía.

Hace algún tiempo, una amiga muy querida me contaba como uno de sus profesores de la universidad les decía a ella y a sus compañeros de clase, que las mariposas monarca representan una plaga para las y los pobladores de las comunidades que viven y trabajan alrededor de los bosques del centro de México que conforman los santuarios donde estos insectos llegan a pasar el invierno desde Canadá y Estados Unidos. El argumento de semejante declaración fue que la conservación de los bosques de oyamel donde los bichos descansan impide que se aproveche la madera comercialmente y que los terrenos clareados deberían usarse para actividades agrícolas.

Aunque mi primera reacción fue de enojo, este inmediatamente dio paso al terror cuando terminé de procesar toda la situación: un profesor de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública, de la universidad más prestigiosa de Iberoamérica y de las 50 mejores del mundo, dentro de su cátedra, explicaba que uno de los fenómenos naturales más impresionantes del mundo era comparable a una infestación de cucarachas.

Tal vez quien esté leyendo estas líneas no entienda muy bien por qué el enojo, o tache al tecleador de hippie, no seria la primera vez (de hecho, así me llamaban algunos compañeros en la Facultad de Ingeniería) pero ante esto déjeme preguntarle ¿De dónde cree que sale el agua cuando usted abre el grifo? La respuesta es fácil, de las áreas naturales protegidas que rodean la ciudad donde usted vive. La mayor parte del agua que llega a la Ciudad de México a través del sistema Cutzamala se capta en los bosques de oyamel donde se resguarda la mal llamada plaga de mariposas.

Lo anterior es un botón de muestra sobre la forma en que nuestra sociedad ve a la biodiversidad y los recursos naturales. Estamos viendo el futuro desde una perspectiva equivocada, no le damos el valor a lo que realmente importa. Y eso es un problema central en la forma en que se está manejando este planeta. Porque la Naturaleza es el centro de las economías de todo el mundo con todos los servicios que provee.

La mayoría de los productos o servicios que consumimos y utilizamos en nuestra vida diaria provienen de las áreas de conservación, y me refiero a aquellos que cubren nuestras necesidades para subsistir. Las áreas naturales protegidas limpian el aire de contaminantes, captan el agua potable que consumimos, regulan el clima, son hogar de los peces que comemos, sustentan las actividades agrícolas, previenen desastres naturales, etc. Ahora, todos estos son valores económicos que a duras penas se ven reflejados en las políticas públicas y la forma de hacer negocios. Todos estos servicios no se han logrado posicionar ante la sociedad, ni se han logrado colocar en el centro de las cuentas publicas.

Actualmente en la agenda internacional se promueve la necesidad de reconocer la interrelación entre los servicios ecosistémicos y el desarrollo económico y social. El enfoque de la valoración busca hacer explícita la dependencia de nuestro bienestar como especie, como país, como comunidad respecto a los servicios que la Naturaleza provee.

El problema es la invisibilidad económica de lo que la Naturaleza ofrece. En mis tiempos en la universidad, me tocó escuchar como un profesor durante una clase de cálculo vectorial dijo textualmente: "Un tambo de petróleo es más útil que uno de agua, del barril de petróleo podemos sacar infinidad de productos, del agua no". El Problema es el "precio", que es lo que uno paga, y el "valor" que es lo que uno recibe, y el mundo está tan obsesionado con los mercados hoy en día que cuando nos encontramos en una situación en la que recibimos valor (como el caso de los servicios ecosistémicos) no lo entendemos sino hasta que se explica en precios. Y la cuestión es que no existe un precio para los bienes y servicios públicos que ofrece la Naturaleza.

Por ejemplo, a pesar de que la valoración del servicio de polinización que llevan a cabo algunos insectos (entre ellos las MARIPOSAS) rebasa los 200 mil millones de dolares, lo cuál se traduce en un gran valor, no existen hoy en día políticas públicas para la protección de estos recursos (a veces todo lo contrario). Hoy en día los tomadores de decisiones no entienden nada si no se les explica en términos monetarios, y ese se ha vuelto el lenguaje de la política.

No podemos dejar que esta... inercia, en que la Naturaleza y las actividades productivas sigan sigan viéndose como agendas separadas, que no convergen y en las que las conservación de nuestro patrimonio natural se encuentra al final de la lista de prioridades.

miércoles, 1 de marzo de 2017

La laguna de Metztitlán

- ¡Qué bonito borreguito!
- Danny ¿No viste las hojas de maguey? ¡la caja de esa camioneta dice barbacoa por todas partes!
- ¡Awwwww!

Habíamos pasado toda la mañana viajando de aventón en aventón y ahora cruzábamos a pie un pueblo que parecía estar haciendo preparativos para un festejo. Los 13 kilómetros de camino que nos habían prometido hasta la laguna se habían alargado demasiado y no habíamos visto ninguna combi que nos llevara hasta nuestro destino. Aunque no habíamos visto ni de lejos el cuerpo de agua, la vegetación que rodeaba los campos de cultivo junto al pueblo indicaba que nos estábamos acercado a la ribera o por lo menos que estábamos cerca de un humedal.

Nuestra desconfianza del día anterior para tomar ride se había desvanecido a golpes de amabilidad por parte de la gente que iba y venía de las labores del campo. Sin embargo, a esa hora ya nadie iba en nuestra dirección y empezábamos a preguntarnos si llegaríamos a la laguna ese día. Justo cuando salimos del pueblo (del que nunca supimos su nombre) un taxi se estacionó enfrente de nosotros para dejar a un par de señoras que evidentemente iban a la fiesta en la que el borrego que vimos subido en la pickup era un invitado de honor.

Pasaron un par de minutos y varias curvas en la carretera antes de que pudiéramos ver el inmenso cuerpo de agua que se extendía hasta una pequeña cordillera oculta por las nubes de lluvia que nos habían estado amagando casi todo el día con un insistente chipi-chipi. Mientras bordeábamos la ribera pudimos ver que había nogales sumergidos y algunas cañas de maíz sobresalían tímidamente a unos metros de la orilla. El taxi nos dejó en un restaurante de mariscos -vaya usted a saber porque la gente ve agua, aunque sea dulce y piensa en ese tipo de comida- y se disculpó por no acercarnos más ya que el nivel del agua había crecido mucho en estos días.

Después de comer unas riquísimas tostadas de camarón y darnos una idea del tamaño de la laguna nos pusimos en marcha para ver las aves prometidas. Era época de migratorias y desde la ventana del restaurante ya habíamos podido ver algunas: cormoranes, pelícanos blancos y algunas rapaces a lo lejos. Era momento de disfrutar del sitio Ramsar que nos habían prometido el día anterior.

Pero ¿Qué es un sitio Ramsar?

Los sitios Ramsar son humedales de importancia internacional... Y un humedal es un sitio donde el agua es el principal factor que controla el ambiente, es decir, zonas de transición entre un ambiente acuático como el mar y un ambiente terrestre; y pueden ser artificiales o naturales, con agua permanente o estacional y puede o no estar sujeto a la acción de las mareas. Pa' pronto, un humedal puede ser una ciénega, un pantano, una marisma, un lago, un río, una turbera, un estuario, en embalse, un oasis, etcétera. Todas estas zonas sirven principalmente como reservas de agua pero, además ofrecen muchos más servicios ambientales, como los manglares, donde se crían la mayoría de las especies de peces que nos comemos. Ahora, para que un humedal pueda ser parte de la Convención Ramsar debe cumplir con ciertas características, entre las que están:

  • Dar refugio a especies de animales o plantas amenazados o en peligro de extinción.
  • Sustentar poblaciones animales o vegetales importantes para mantener la diversidad biológica de una región.
  • Sustentar a una población regular de 20 mil aves acuáticas o más.

Existen otros criterios pero creo que ya captaron el punto.

Y ahí estábamos, dando la vuelta a la ribera de un humedal de importancia internacional buscando aves para fotografiar. Lo primero que vimos fue un juvenil de garceta verde pescando entre las cañas de maíz. A lo largo del caminos vimos patos, aguilillas, águilas pescadoras, cormoranes, más pelícanos, las siempre presentes auras, martínez pescadores, pájaros carpinteros, cardenalillos y garzas, muchas garzas.

Desgraciadamente sólo vimos un par de especies de mariposas y algunos rastros de un tlacuache y una madriguera de un mapache en una formación rocosa, característica de la zona donde el animalito había estado llevando mazorcas de maíz y dejando las hojas a la entrada de su cueva.

Seguimos el el sendero, encaminados a una iglesia en lo alto de una roca que nos pareció pintoresca. Aunque la principal preocupación de Danny era tener registros para Naturalista, ambos estábamos maravillados por los paisajes que nos recordaban las postales suizas con sus chalecitos a la orilla de un lago. Ya habíamos dejado el cuerpo de agua principal y entrábamos a los campos de cultivo nuevamente mientras nos preguntábamos como regresar a Metztitlán antes de que cayera la noche. Justo en ese momento, una camioneta entró al camino de terracería y nos ofreció un aventón hasta el pueblo más cercano donde podríamos tomar transporte.

Mientras esperábamos por la combi en San Cristobal, nos sentamos a comer unas tortas de milanesa (las mejores de La Vega según lo que anunciaba el local) en un puesto al lado del río. El transporte tardó en pasar casi una hora y los únicos que abordamos fuimos Danny y yo. Mientras nos dirigíamos a Metztitlán empezamos a platicar sobre todo lo que habíamos visto en el día cuando el conductor de la camioneta se unió a la conversación, contándonos historias de la región, como cuando se construyó el puente y se desbordó el río.

- ¡Miren, en esas piedras hay pinturas! - Dijo el conductor mientras orillaba la camioneta y se estacionaba junto a una formación rocosa que se levantaba al borde de la camioneta junto a un sembradío de calabazas.
- ¿Nos puede esperar en lo que escalo para poder tomar fotos de las pinturas?
- ¡Claro! Ahorita ya no hay pasaje y ya voy a guardar la camioneta.

Intenté subir lo más que pude la formación de unos 20 metros y mi falta de experiencia me llevó a unos dos metros por debajo de donde estaban las pinturas, sin embargo estaba en un ángulo en el que no podía fotografiarlas y tuve que conformarme con bajar y tomar la foto desde el piso.

Al retomar camino el conductor nos invitó a una boda de un poblado cercano (para mis adentros me pregunté si sería la misma fiesta a la que el borrego había sido invitado) pero como teníamos que salir la mañana siguiente para Pachuca preferimos regresar a nuestro hotel. Cuando nos despedimos, le agradecimos al chofer toda la amabilidad que los pobladores de La vega nos habían mostrado.

miércoles, 22 de febrero de 2017

La Vega

Después de bajar de uno de los cerros que rodean al pueblo de Metztitlán, en Hidalgo, Danny y yo nos enfilamos directamente a un puesto de tacos que se encontraba sobre la calle principal. Llevábamos casi todo el día sin probar bocado y ya ven que el hambre es canija pero más quien la aguanta.

Algunos días antes nos había sorprendido que después de las ocho de la noche, las calles de Pachuca estuvieran casi desiertas con comercios y restaurantes cerrados, y, ahora nos sorprendía ver puestos de comida y estanquillos atendiendo ya entrada la noche y con suficiente gente como para desbancar una cenaduría en la Ciudad de México.

Entre taco y taco planeábamos como llegar a una laguna que el personal del área protegida en la que nos encontrábamos (Reserva de la Biosfera Barranca de Metztitlán), nos había recomendado visitar y al preguntarle a la señora que atendía el puesto nos recomendó hacer lo que en otros países llaman autostoping. Pedir raid, pues. Cosa que también nos recomendaron en el lugar donde nos hospedábamos. En cada caso Danny y yo volteábamos a vernos con infinita desconfianza mientras nos preguntábamos en silencio si sería buena idea.

Al día siguiente, fieles a nuestra costumbre de levantarnos tarde en vacaciones, salimos rumbo a la laguna caminando por la avenida principal hasta salir del pueblo. Lo primero que notamos fueron los extensos campos de cultivo. Algunos de ellos, sorprendentemente, estaban llenos de cañas verdes de maíz, lo cuál indicaba que ya iban por su segunda cosecha, mientras en las afueras del área protegida solo quedaban los rastrojos de las labores que no se iban a reanudar hasta el próximo año.

Mientras seguíamos avanzando tomábamos aventones cortos de las camionetas que iban y venían de las labores del campo (a esas alturas de la mañana no nos había quedado otra opción). A lo largo de la ruta, Danny se maravillaba por las aves que nos encontrábamos en el camino -al fin y al cabo para eso íbamos a la laguna- pero le desconcertaba la vegetación silvestre, particularmente los cactus columnares, que ella aseguraba, no había en el norte del país (yo seguía respondiéndole que no era cierto ya que son bastante comunes en Sonora y la Península de Baja California).

Daniela Arrocena vive en Coahuila y se refiere a su estado como el "Viejo oeste". Lo hace con la combinación de nostalgia y un poco de desprecio de aquellas personas que tienen esa necesidad de ver grandes montañas, escuchar cascadas y explorar cavernas. Este viaje le había ayudado a recordar los dos años que trabajó como guardaparque en Río Sabinas, hasta que un injusto recorte de personal hizo que regresara a radicar a Saltillo. A pesar de todo, su vocación de educadora ambiental se hizo presente durante todas las vacaciones que pasamos en Hidalgo.

Uno de los logros personales de Danny, de los cuáles se sentía particularmente orgullosa, fue el haber participado en la campaña para hacer que el nogal se convirtiera en el árbol representativo de su estado. Con esa experiencia a cuestas, no podía dejar de notar la gran cantidad de esos árboles bordeando la carretera que transitábamos. Hizo notar que, para tener ese tipo de plantaciones produciendo, la tierra de la vega debía ser particularmente productiva.

El recorrido que hicimos por la laguna requiere un relato aparte, así que sólo mencionaré que al regresar de nuestra pequeña aventura pudimos confirmar la inusual (al menos para nosotros dos) amabilidad de los habitantes de la región y su riqueza agrícola.

Ya de regreso en Metztitlán volvimos a comentar acerca de la cantidad de gente que estaba en la calle durante la noche. En ese momento, Danny comentó "Pues las tienditas están abiertas porque hay mucho chavo pisteando". Fue cuando me di cuenta que hace mucho tiempo no veía un pueblo con tanta gente joven. Tanto ella como yo habíamos visto como los jóvenes de muchos poblados preferían emigrar por falta oportunidades o, en el peor de los casos, dedicarse a actividades ilegales.

¿Qué era lo que hacía de La Vega una región tan fuera de lo común? Indudablemente, la riqueza agrícola de la zona le proporcionaba a sus pobladores sustento y hacía que el tejido social se mantuviera unido, a diferencia de otras partes de nuestro país. Pero esta productividad no podría explicarse sin la salud del ecosistema en el que se sustenta, prueba de ello era la alta biodiversidad de la que fuimos testigos durante nuestro viaje.

Justo antes de regresar a Metztitlán nos detuvimos para poder observar una formación rocosa donde había pinturas rupestres, indicio de antiguos asentamientos humanos en la zona. Al parecer, mucho antes de que hubiera agricultura, La Vega ya era un paraiso para los seres humanos.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El campamento del terror

Zona de campamento de Paso de Cortés en el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl


A mi como buen naturalista y fotógrafo me encanta acampar. No lo hago muy seguido, dos o tres veces por año desde hace unos siete u ocho años y me gustaría poder salir más a disfrutar de la vida al aire libre, sobre todo para poder retratarla. Tampoco me considero un campista experto pero se desenvolverme es varios ambientes y puedo arreglármelas sin problemas en campo (afortunadamente nunca me he encontrado en una situación extrema de supervivencia). Sin embargo, con todo y la poca experiencia que pueda tener hay algo que puedo asegurar: la mayoría de la gente que pretende acampar no sabe hacerlo. Y con esto me refiero a que no saben respetar la naturaleza y convivir con otras personas.

No es que pretenda que todas las personas que habitan en las grandes urbes salgan al campo y se conviertan en Bear Grylls nomás porque si, pero parece que este mismo sector de la población tiene una visión muy edulcorada de lo que es la vida silvestre y se conducen de formas que a veces me hacen preguntarme si en la ciudad serían capaces de bajarse a las vías del metro sólo para recoger una moneda.

Para ilustrar mi punto recuerdo que hace algunos años viví lo que podría considerar como la peor o al menos una de mis peores experiencias al aire libre. Las personas que estuvieron ahí todavía se refieren a ese fin de semana como "El campamento del terror".

Era la segunda o tercera vez que salía a acampar y esa vez fui como parte del programa "Empleo de Verano" al Ajusco medio para hacer labores de reforestación. Después de la capacitación rápida y las actividades fuimos a levantar el campamento y nos cubrió una lluvia leve al caer la tarde y una granizada algo intensa al anochecer. Lo anterior se cuenta fácil pero fue lo que lo convirtió en una pesadilla.

Entre una larga serie de errores recuerdo particularmente a uno de los encargados de un grupo de jóvenes empeñado en encender una fogata con la madera más mojada que pudo encontrar sin preocuparse por el equipo de personas a su cargo; a otro grupo de jóvenes mojándose y jugando en la lluvia y el granizo sin haber llevado un cambio de ropa seca (cuando yo mismo les recomendé no mojarse me respondieron que un poco de agua no les iba a hacer daño); y a los organizadores permitiendo que se instalaran tiendas de campaña en lugares que la noche anterior se habían inundado (sin mencionar que levantar el campamento tampoco fue una prioridad hasta después de haber movilizado a todas y todos los participantes a las labores de reforestación).

El resultado fue que a media noche (literalmente) los organizadores se vieron forzados emprender la retirada hacia los autobuses que nos habían traído en medio de la lluvia y las miradas de terror de varios participantes, algunos de los cuáles tenían signos de hipotermia.

En resumen: la situación de una lluvia y granizada en el Ajusco que era totalmente manejable se volvió un infierno gracias a la pésima organización y falta de previsión de las y los responsables; y un padecimiento que podríamos denominar como síndrome de la inmortalidad de las personas jóvenes.

Y gracias a estos dos factores la historia se repite.



El fin de semana pasado asistí al evento denominado "La montaña fantasma". Y lo que en años anteriores había sido una experiencia enriquecedora, se vio totalmente eclipsada por el pésimo comportamiento de algunos asistentes. Ya que, más allá de que los organizadores se vieron rebasados por la cantidad de personas que asistieron al evento (alrededor 2 mil según el Antropólogo encargado de la Zona arqueológica que se encuentra allí), la deplorable  actitud de algunos "campistas" evitó que muchos otros pudiéramos disfrutar del espectáculo que fuimos a observar.

Lo que nos lleva de vuelta al punto inicial. Pareciera que algunas personas no pueden concebir un mundo más allá del concreto y las dinámicas de la ciudad. Se lanzan a la naturaleza como si fueran a pasar la noche en un lote privado y dejan toneladas de basura a su paso que no se molestan en llevarse consigo. Desprecian la tranquilidad de los demás campistas arguyendo que están en su derecho de seguir la fiesta (sic) como si la zona fuera de su propiedad. Encienden fogatas inmensas que dejan sin vigilancia y arrancan la vegetación como recuerdo.

Cada quien tiene su forma muy particular de divertirse y disfrutar de la vida al aire libre, pero devastar los lugares por donde pasamos pensando que la naturaleza nos pertenece es lo que ha llevado a la humanidad a la crisis ambiental en la que se encuentra y esto es lo que convierte a los campamentos en verdaderas anécdotas de terror.