domingo, 7 de diciembre de 2014

Sucede lo siguiente:

Sucede que después de mucho tiempo tienes la oportunidad de asistir a una de las marchas en apoyo a los normalistas.

Sucede que te enteras que identificaron los restos de uno de ellos, lees el mensaje que sus compañeros y padres emitieron y te lanzas al Monumento a la Revolución.

Sucede que llegas casi al final del mitin cuando todos se están yendo a sus casas y encuentras el monumento iluminado de rojo.

Sucede que sobre el templete hablan representantes del CENTE y organizaciones estudiantiles, con discursos muy inspirados y muy intensos.

Pero lo que de verdad sucede es que los padres de Alexander no pudieron estar presentes y por eso el mensaje se lee en su nombre.

Y entonces pasa... Durante la lectura se te hace un nudo en la garganta y es cuando la ves, la primer lágrima, el primer rostro descompuesto sobre el templete. Y comienza el llanto de una de las madres, luego uno de los padres y así sucesivamente hasta que tú también empiezas a llorar. De coraje, de rabia, de indignación e impotencia.

Y sucede. Sucede que quieres gritar y gritas “AESINOS”. Y quieres salir a tirar piedras, a agarrarte a madrazos con un granadero, a tirarle los dientes a Eugenio Derbéz mientras pide dinero para el Teletón y habla de los normalistas. Y quieres hacer todo eso no porque sea una “acción directa” de protesta ni porque esté dentro de tu programa político y ni siquiera porque sepas y estés convencido (que no lo estás) que la violencia va a solucionar algo. Lo que pasa es que no sabes dónde meter o qué hacer con todo lo que sientes en ese momento, con todo lo que las madres y padres que están allá arriba del templete, ateridos de frío están sintiendo y están sufriendo.

¿Por qué sucede? Por la rabia que producen todos los agravios, los suyos, los míos, los tuyos los de todas y todos. Por la rabia que produce que el procurador se canse de no hacer nada. Por la rabia que ocasiona el llamado a “superar” los agravios, las muertes y la violencia.

Porque provoca rabia que los padres de Alexander solo tengan un pedazo de hueso y un jodido molar para las exequias.

Si, eso sucede, la rabia.

Y mientras tanto Marco Antonio Regil habla de Gandhi y la resistencia pacífica en televisión…