lunes, 1 de septiembre de 2014

Estamos respirando nuestra propia apatía.

La frase que aparece como título de esta entrada se alcanza a leer en un cartel que sostienen manifestantes que protestan frente a una exhibición de autos en Estados Unidos, la estampa es de una foto que pertenece al libro “ECOLOGÍA” de la colección naturaleza de Time Life editado en 1978.

Es triste que 36 años después esa misma frase sea tan devastadoramente apropiada para los tiempos que corren en que el grueso de la población mundial no ha modificado sustancialmente sus hábitos de consumo, a pesar de los evidentes estragos que el calentamiento global y la contaminación del agua, aire y suelo provocan en la calidad de vida afectando todas y cada una de las actividades humanas.

Durante la época en que se tomó esa foto la apatía invadía a los altos funcionarios de gobierno, directivos de grandes empresas y al más humilde ciudadano que veían al medio ambiente y como algo prácticamente inagotable y el incipiente movimiento ecologista era considerado una moda pasajera relacionada con filosofías exóticas que no eran útiles al modelo de desarrollo de ese entonces (que básicamente sigue siendo el mismo). Las actividades económicas sustentables (o por lo menos medianamente racionales) representaban una pérdida de ganancias impensable considerando que las consecuencias estaban muy lejos o que simple y sencillamente nunca llegarían.

Pero el futuro ya está aquí, ya nos alcanzó y por todos lados podemos observar los resultados de la desidia de las generaciones anteriores (y la actual, no nos hagamos). En el cambio climático, en las miles de hectáreas de bosques y selvas que se han perdido, en las poblaciones enteras que sufrieron enfermedades causadas por contaminantes, en las especies extintas y en la cada vez más angustiante escasez del agua... Y aún así, sigue habiendo quien cree que esto de la conservación es una moda.

Apenas la semana pasada llegamos al punto en que consumimos los recursos que nuestro planeta puede regenerar. A este ritmo necesitamos más de un planeta Tierra para continuar con los niveles de producción y consumo que se registran anualmente y que además, van en aumento. Nuestros Modelos de desarrollo actuales son sumamente deficientes por que la mayoría de los recursos naturales que se emplean para producir bienes y servicios responden a hábitos de consumo innecesarios y no para cubrir las necesidades básicas de la población mundial. Sin mencionar la cantidad de resíduos y contaminantes que se generan.

Respiramos nuestra propia apatía cuando dejamos que los demás hagan lo que nos corresponde. No solo se trata de pronunciarse en contra de la matanza de ballenas que hace (hacía) Japón o hacer donaciones para salvar tal o cuál especie en peligro. Respiramos nuestra propia apatía cuando no separamos nuestra basura por que el camión no tiene los compartimientos, cuando desperdiciamos el agua, cuando usamos bolsas de plástico, cuando no informamos y un larguísimo etcétera. La apatía nos invade cuando pensamos que el mundo queda muy lejos y que nuestras acciones cotidianas no afectan en el deterioro del medio ambiente.

Cada quién desde su trinchera puede hacer algo, sin embargo lo ideal es que la trinchera deje de ser solo nuestra y podamos unirnos todos en este proceso de cambio. Es indispensable que dejemos nuestro individualismo y formemos una comunidad que haga un cambio ya no solo de granito en granito, sino formando bloques para reconstruir esta nuestra casa tan dañada y descuidada.

Y para que no digan, en la próxima entrega me comprometo a compartir algunas ideas para este cambio de hábitos.

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