lunes, 22 de septiembre de 2014

El plástico sale muy caro

En la entrada anterior comentaba acerca de la necesidad de cambiar nuestros hábitos de consumo para reducir nuestro impacto sobre el planeta. Parte del efecto que nuestras actividades producen en el medio ambiente es el uso irracional de recursos naturales, mientras que otra parte es la que se aprecia mediante las siguientes tres escenas:

Caminando por una playa en Tamaulipas se pueden ver envases de plástico a lo largo de la costa, algunos con marcas de mordidas o picotazos de los depredadores que confunden los desechos con los huevos de los que se alimentan.

Al subir la cuesta de la cañada que protege al último río vivo de la Ciudad de México se puede ver que la barda que separa al área natural de la zona de casas se ha convertido en el basurero privado de los habitantes de estas. La reforestación por la que estábamos ese día en ese lugar se vuelve inviable y peligrosa al haber, inclusive desechos sanitarios.

En una isla deshabitada por humanos del Golfo de California a la que solo se puede acceder en barco, se pueden encontrar latas de comida muy antíguas dejadas por turistas y pescadores y botellas de plástico todavía con líquido dentro que no tienen más de un día de haber sido abandonadas. La isla es hogar de cactáceas centenarias y especies endémicas.

Elegí solo tres anécdotas para ilustrar pero cuento con un aaaamplio repertorio de malos encuentros con basura en áreas que se supone deberían estar protegidas de los efectos de las actividades del ser humano.

Lo anterior solo es para ilustrar de qué forma pueden llegar a afectar los desechos producidos por nuestros hábitos de consumo. La basura que producimos puede llegar hasta lugares insospechados, pero para analizar ese alcance es menester una entrada aparte en este blog.

Ahora que si queremos saber de dónde vienen los desechos le pongo estos ejemplos:

En las tiendas de conveniencia Seven Eleven se venden manzanas empaquetadas individualmente.

En la cadena de Tiendas Mega Comercial Mexicana se venden jitomates empacados en cajas de plástico.

En la misma cadena Mega Comercial Mexicana las peras a granel vienen embaladas cada una con poliuretano.

No se si ustedes se hayan indignado pero a mi casi me da una apoplejía al ver semejante desperdicio. ¿Es necesario tanto empaque? La mercancía la consumiremos en un plazo no mayor a una semana, el plástico durará en el ambiente miles de años y, además el embalaje aumenta el costo del producto.

Con los ejemplos anteriores le propongo querida y querido lector y lectora que adoptemos los siguientes hábitos para reducir nuestros residuos sólidos:

  • Examinemos nuestro hábitos de consumo. Siempre que vayamos al mandado hagamos reflexión sobre lo que estamos adquiriendo ¿Es necesario? ¿Vale lo que cuesta? ¿Cómo impactará nuestra economía? ¿El empaque aumenta el precio del producto? Y si, voy a insistir una y otra vez en que el empaque es innecesario ¿o qué? ¿Tiene miedo de que se le mayuguen los aguacates?
  • Actuemos local, pensemos global. Parte de la ineficiencia de nuestro modelos de consumo radica en que traemos la comida y otros productos de muy lejos, lo cuál implica el gasto de recursos en el transporte: combustible, refrigeración, empaques (again), etc; si consumimos productos locales no solo disminuimos nuestra huella ecológica, también contribuimos a la economía local.
  • Reduzcamos nuestros resíduos. Hoy en día ya no es suficiente "poner la basura en su lugar" por el simple hecho de que ya no hay lugar para ponerla. Los rellenos sanitarios ya no son una opción viable para el manejo de la basura, es ella o nosotras y nosotros. Y esto no solo es por los resíduos inorgánicos, una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero (Dióxido de carbono y metano) es la descomposición de la materia orgánica. No desperdicie ni comida porfa.
  • Separemos los resíduos. Seguramente ya lo habrá escuchado hasta el cansancio pero es verdad: la basura no es basura si la separamos adecuadamente, los desechos orgánicos pueden ser usados para composta y los inorgánicos como materia prima ¡Y nada de que el camión no tiene separadores o que alguien más lo va a hacer por usted! ¡No deje que la fiaca le gane!
  • Reciclemos. ya que separamos nuestros residuos nos daremos cuenta de que podemos sacarle provecho a algunos (papel, periódico, aluminio, PET, Tetrapack, etc) en diversos centros de acopio. Júntele y verá que su bolsillo tendrá un par de monedas más.
  • Lleve su bolsa. tanto en el súper como en el mercado y el tiánguis (así le decimos en México al mercado sobre ruedas) siempre nos dan bolsas para llevar nuestra mercancía, lo cuál significa... ¡MÁS RESIDUOS! Nada le cuesta llevar su bolsa de tela o reutilizar bolsas de plástico.

Como las anteriores existen muchas más acciones que podemos realizar para reducir nuestra producción de residuos. Empiece con estos y verá que los demás irán presentándose por si solos.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Estamos respirando nuestra propia apatía.

La frase que aparece como título de esta entrada se alcanza a leer en un cartel que sostienen manifestantes que protestan frente a una exhibición de autos en Estados Unidos, la estampa es de una foto que pertenece al libro “ECOLOGÍA” de la colección naturaleza de Time Life editado en 1978.

Es triste que 36 años después esa misma frase sea tan devastadoramente apropiada para los tiempos que corren en que el grueso de la población mundial no ha modificado sustancialmente sus hábitos de consumo, a pesar de los evidentes estragos que el calentamiento global y la contaminación del agua, aire y suelo provocan en la calidad de vida afectando todas y cada una de las actividades humanas.

Durante la época en que se tomó esa foto la apatía invadía a los altos funcionarios de gobierno, directivos de grandes empresas y al más humilde ciudadano que veían al medio ambiente y como algo prácticamente inagotable y el incipiente movimiento ecologista era considerado una moda pasajera relacionada con filosofías exóticas que no eran útiles al modelo de desarrollo de ese entonces (que básicamente sigue siendo el mismo). Las actividades económicas sustentables (o por lo menos medianamente racionales) representaban una pérdida de ganancias impensable considerando que las consecuencias estaban muy lejos o que simple y sencillamente nunca llegarían.

Pero el futuro ya está aquí, ya nos alcanzó y por todos lados podemos observar los resultados de la desidia de las generaciones anteriores (y la actual, no nos hagamos). En el cambio climático, en las miles de hectáreas de bosques y selvas que se han perdido, en las poblaciones enteras que sufrieron enfermedades causadas por contaminantes, en las especies extintas y en la cada vez más angustiante escasez del agua... Y aún así, sigue habiendo quien cree que esto de la conservación es una moda.

Apenas la semana pasada llegamos al punto en que consumimos los recursos que nuestro planeta puede regenerar. A este ritmo necesitamos más de un planeta Tierra para continuar con los niveles de producción y consumo que se registran anualmente y que además, van en aumento. Nuestros Modelos de desarrollo actuales son sumamente deficientes por que la mayoría de los recursos naturales que se emplean para producir bienes y servicios responden a hábitos de consumo innecesarios y no para cubrir las necesidades básicas de la población mundial. Sin mencionar la cantidad de resíduos y contaminantes que se generan.

Respiramos nuestra propia apatía cuando dejamos que los demás hagan lo que nos corresponde. No solo se trata de pronunciarse en contra de la matanza de ballenas que hace (hacía) Japón o hacer donaciones para salvar tal o cuál especie en peligro. Respiramos nuestra propia apatía cuando no separamos nuestra basura por que el camión no tiene los compartimientos, cuando desperdiciamos el agua, cuando usamos bolsas de plástico, cuando no informamos y un larguísimo etcétera. La apatía nos invade cuando pensamos que el mundo queda muy lejos y que nuestras acciones cotidianas no afectan en el deterioro del medio ambiente.

Cada quién desde su trinchera puede hacer algo, sin embargo lo ideal es que la trinchera deje de ser solo nuestra y podamos unirnos todos en este proceso de cambio. Es indispensable que dejemos nuestro individualismo y formemos una comunidad que haga un cambio ya no solo de granito en granito, sino formando bloques para reconstruir esta nuestra casa tan dañada y descuidada.

Y para que no digan, en la próxima entrega me comprometo a compartir algunas ideas para este cambio de hábitos.