lunes, 22 de abril de 2013

Tutuaca y Papigochic

La semana pasada tuve la fortuna de viajar por las Áreas de Protección de Flora y Fauna Tutuaca y Papigochic en Chihuahua, México. Durante este viaje se me presentó la oportunidad de platicar con algunas personas que viven y trabajan dentro de estas Áreas Naturales Protegidas y así pude conocer sobre los proyectos que se desarrollan a través de las comunidades para la conservación de los ecosistemas que habitan.

Para mi resultó una experiencia muy valiosa escuchar como la generaciones de miembros del ejido, coinciden en que es necesario trabajar para restaurar los bosques y la reintroducción de especies utilizando estas palabras: "El ecosistema debe volver a estar sano, el medio ambiente se ha alterado y es nuestro deber remediarlo". Cabe aclarar que entre la clase media urbana JAMÁS hubiera esperado escuchar estas líneas y mucho menos oír la sensatez que campesinos y ganaderos que apenas poseen instrucción formal expresan en cada una de sus palabras al referirse a la degradación del medio ambiente y las acciones a tomar para la conservación de su entorno.

A diferencia de otros países, en México las Áreas Naturales Protegidas están habitadas por ejidatarios y por esta razón, hay veces en que compartir modelos y experiencias de conservación con otros integrantes de la comunidad internacional resulta difícil. Sin embargo, lo vivido durante este viaje ha reafirmado mi convicción de que lejos de ser un obstáculo, las participación de las comunidades que habitan estos "santuarios" de México constituyen la más grande oportunidad para la conservación de los ecosistemas y el desarrollo sustentable y sostenible.

La formación de educadores ambientales comunales debe ser una prioridad en el desarrollo de un programa nacional de Educación Ambiental y debe partir del conocimiento tradicional reforzándose con el conocimiento académico.

Estas Áreas Naturales Protegidas tienen características geográficas que les permiten ser el refugio de importantes especies como el oso negro (Ursus americanus), Águila real (Aquila crhysaetos), trucha aparique (Ocorhyncha crisogaster), cotorra serrana (Rhynchopsitta pachyrhincha), pinabete espinoso (Picea chihuahuana) y fue hÁbitat del lobo mexicano (Canis lupus baileyi).

Las APFF Tutuaca y Papigochic poseen los últimos relictos de bosques antíguos del todo el mundo. Adentrándose por el corazón de estas Áreas se pueden encontrar árboles de dimensiones asombrosas como este ejemplar de pino (Pinus duranguensis).

El pinabete espinoso (Picea chihuahuana) es una especie protegida asociada a la cotorra serrana (Rhynchopsitta pachyrhincha), esta última hace sus nidos únicamente sobre estas coníferas cuando han alcanzado grandes dimensiones y mueren dejando sus troncos para ser ocupados.

En el ejido de Yahuirachi se encuentra un vivero forestal donde se producen ejemplares de pino (Pinus duranguensis) y picea (Picea chihuahuana) que se utilizan para reforestar áreas del bosque dañandas por incendios.

Al viajar por el área boscosa de Papigochic se pueden apreciar paisajes que recuerdan las estampas de las Rocky Mountains en Canadá. Estas Áreas Protegidas no le piden nada a ningún parque del mundo.

lunes, 8 de abril de 2013

Grizzly Man

Durante trece veranos Timothy Treadwell vivió desarmado entre los osos, filmando sus aventuras en el Parque y reserva Nacional Katmai, Alaska. En octubre de 2005, fueron encontrados sus restos, junto con los de su novia cerca de su campamento; este hecho desató una controversia global entre diversos grupos defensores de la naturaleza. El testimonio de la vida de treadwell es un acercamiento a la fuerza de la naturaleza.

El párrafo de arriba es a grandes rasgos la sinópsis del documental "Grizzly Man", del realizador alemán Werner Herzog. Este filme nos presenta todos los ángulos posibles sobre la personalidad y el trabajo de Timothy Treadwell y nos lleva a descubrir el romanticismo de su viaje personal.

De la mano de Herzog cada quién podrá sacar sus propias conclusiones acerca del actuar de Treadwell, sin embargo, para nadie pasará de largo el poder de la naturaleza y el mensaje de conservación de esta.

No les quiero arruinar el final, así que dejo a cada cuál decidir si la forma en que Treadwell realizó su trabajo fue la más apropiada, sin embargo algo si les puedo asegurar... Vale la pena vivir y morir como él lo hizo durante esos 13 veranos.